He de confesar que la
reacción de algunos círculos políticos y medios de comunicación ante los
pronunciamientos de
Bromas aparte, tras las
declaraciones de Benedicto XVI en una rueda de prensa, en la que se limitó a
afirmar que la pandemia del SIDA no puede ser vencida exclusivamente por el
recurso al preservativo, sino que se requiere una educación en una sexualidad
responsable, hemos sido testigos de unas respuestas absolutamente
desproporcionadas, injustificadas y muy reveladoras del «misterio» de fondo que
se esconde tras estas reacciones «convulsivas»...
«Vendrán tiempos en
que no se soportará la sana doctrina...»
Ya que estamos dentro
del Año Paulino, en el que conmemoramos el dos mil aniversario del nacimiento
del apóstol de los gentiles, creo que nos conviene considerar sus proféticas
palabras dirigidas a Timoteo, que son una prueba viva de que no han cambiado
tanto las dificultades a las que
Benedicto XVI ha tenido
la «osadía» de recordarnos lo que es de sentido común... El problema está en
que mientras que nuestras autoridades no tienen inconveniente en pedirnos que
dejemos de fumar o que moderemos la velocidad de nuestro vehículo, por poner un
ejemplo, sin embargo, por influjo de una obsesión pansexualista, son incapaces
de reconocer la gran ayuda que la vivencia de la castidad presta a la salud
pública. Se produce la paradoja de que en algunas materias se puede reclamar
-incluso, ¡exigir!- cambios de conducta a los ciudadanos, más allá del uso de
cinturones de seguridad o de filtros de nicotina; mientras que en lo tocante a
la sexualidad, no sólo permanecemos ciegos ante el problema moral, sino que nos
revolvemos violentamente contra quien ponga el dedo en la llaga...
¿Fobia anticatólica?
No cabe duda de que
estamos sumergidos en un ciclo cultural marcadamente anticatólico. No se trata
de un fenómeno nuevo, aunque en los últimos años se haya acelerado,
especialmente en algunos países como España. Un indicio muy significativo lo
tenemos en la proliferación, en las últimas décadas, de filmografía de temática
anticatólica. Sin ir más lejos, para este mismo mes está anunciado el estreno
en el Festival de Cannes, de una película que se encuadra plenamente en este
género («Ángeles y Demonios»). Sin embargo, en el cine y la literatura
contemporánea, difícilmente encontramos tanta crítica amarga contra otras
religiones...
Personalmente, me caben
muy pocas dudas de que el factor determinante que explica este fenómeno, no es
otro que la unidad y la coherencia de la fe católica, inmune a ser absorbida
por la dictadura del relativismo dominante. Si redujésemos nuestra predicación
a algunos puntos comunes de amplio y vago consenso, entonces, ¡hasta podríamos
llegar a resultar simpáticos en Hollywood! Eso sí,
¡tan simpáticos como insignificantes!
+ José Ignacio Munilla,
Obispo de
Patencia
(Blogs
Cope)